—¿Y queréis que yo embista con una mujer que os ha rechazado?—replicó Montiño.
—Habéis sorprendido á esta mujer.
—¡Yo!
—Se ha puesto pálida al veros.
—Perdonad, á mí también me sorprendió...
—Mejor: ella ha reparado en vuestra sorpresa y espera.
—Perdonad, pero la sorpresa pasó.
—Créolo: pero os repito que los amores de esta mujer interesan...
—¿A quién?
—A la reina.