—¡Cosas mías!

—Ciertamente, porque vuestras cosas son las que han quitado el apetito de todas las cosas al señor Juan Montiño.

—¡Ah! ¿os llamáis Montiño?

—Es sobrino del cocinero mayor del rey.

—¡Oh! ¡Dios mío! ¡os va á parecer detestable mi almuerzo!

—El rey no almuerza tan bien como vos, ni con tan buen servicio... apuesto á que esta plata ha venido en derechura para vos del Potosí...

—Ved ahí que me importa poco el lugar de donde haya venido.

—Debe importaros mucho más el lugar en donde ha parado.

—Sabe Dios si para.

—Mejor, porque será río si corre.