—Me voy cansando...
—Decís bien, debéis descansar... aunque no sois vieja.
—Trabajo siempre para el público...
—Decís bien... debéis trabajar para menos gente... ya quise que trabajáseis para mi... con el corazón; pero vuestro corazón anduvo reacio.
—Punzáis, don Francisco.
—¿Ortiga me hacéis? desgraciado ando.
—No lo andáis mucho, cuando os veis en la corte.
—Pues mirad: no quisiera ser cortesano.
—Sóislo muy poco... y en prueba de ello cuando no estáis preso...
—Me buscan... decís bien... y ahora me acuerdo... sois mi olvido de todo... ¿y de qué me había olvidado?... figuráos que anoche anduve cómplice en unas estocadas.