—No: bebed en ésta, ó bebamos la mitad de la nuestra cada uno; cambiamos.

—¿Sabéis lo que estáis haciendo?—dijo con seriedad la Dorotea.

—¿Os ofende?

—Me estáis enamorando.

—¿Y hago mal suponiendo que eso sea?

—Eso lo sabréis vos.

—¡Cómo! ¿que yo sabré si hago mal en enamoraros?

—Sí, porque vos sabréis con cuánta lealtad, con cuánta razón podéis enamorar á una mujer á quien hace media hora que conocéis.

—La soledad tiene la culpa...

—Llamaré compañía...