—No; más bien si os desagrada mi atrevimiento, me iré yo.

—Don Francisco vendrá á buscaros...

—Pues no encuentro medio...

—Sí; dejar esta conversación.

—Dejémosla.

—Hablemos de otra cosa.

Pero ninguno de los dos habló.

Bebieron en silencio sus copas.

Pasaron algún tiempo callando.

Dorotea miró involuntariamente á Montiño.