En aquel momento Montiño miró á la comedianta.
Esta doble mirada fué más elocuente, más intensa que la anterior.
Dorotea y Montiño se turbaron mucho más.
Pero por aquella vez, Dorotea no se irritó.
Por el contrario, soltó una alegre carcajada, y dijo:
—¿Quién diablos os ha traído aquí?
Y llenó la copa, bebió la mitad, y ofreció la copa á Montiño.
Montiño la tomó y buscó el sitio donde había puesto sus labios la joven.
—Habladme con franqueza—dijo la Dorotea—; ¿qué habéis visto en mí...?
Y se detuvo.