—Eso nada prueba.
—Prueba que me habéis matado.
—Pero... caballero...—dijo pálida y grave la Dorotea—, creo que me tomáis por entretenimiento.
—¿Me ofendéis...?
—Porque temo ser ofendida.
—¿Qué encontráis de extraño...?
—No sé... porque, como, lo repito, no he amado nunca, no sé si es posible que se ame así como vos decís, tan pronto.
—¿Cuánto tiempo tarda en arder la leña seca?
—¡Ah!
—El tiempo que tarda en acercarse á ella el fuego.