—¿Y qué pretendéis?
—Una compañía.
—¿Compañía de qué?...
—¿De qué ha de ser?...
—Hay muchas compañías... la de Jesús, las de comediantes, las de los mercaderes...
—La que yo quiero es una compañía de soldados.
—¿Y habéis hablado á alguien?
—La tengo casi ciertamente...
—¡Ah! ¡es verdad! ¡sois sobrino del cocinero de su majestad!
—¿Y creéis que mi tío puede?...