—¿Teméis?

—Caer del cielo.

—¡Pero, señor, esto es terrible! Es la primera vez que me sucede... No me conozco...

—Porque me amáis, ¿no es verdad, y no comprendéis que se pueda amar tan pronto?

—Yo creo que tenéis más experiencia que yo.

—Os engañáis; no he amado hasta ahora, pero por lo que siento, no extraño que vos améis lo mismo que yo.

—Pero, ¿qué deseáis de mí?

—¿Qué deseo? Vuestro cuerpo y vuestra alma; vuestro recuerdo continuo... Quiero ser para vos el aire que respiréis.

—¡Me estáis engañando!

—¡Yo!