—Lo que no deja de ser muy extraño.
—Extrañad todo lo que queráis; podéis decir á don Rodrigo cómo he recibido esta noticia. Y podéis decir más: me retiro del teatro: y tal vez me vuelva al convento.
—¡Ah! yo creí que fuese otra la causa—dijo Guzmán mirando con insolencia al joven.
—Sea cual fuese la causa, nada os importa. Además, que cuando tal le ha acontecido á don Rodrigo, él lo habrá buscado.
—Acaso tengáis vos la culpa.
—¿Yo? ¿le ha sucedido por mí esa desdicha?
—Si por cierto; mediaban ciertas cartas.
—¿Cartas?...
—De una noble dama... Vos habéis sido imprudente... El cocinero mayor ha llegado á saber lo de las cartas... y un sobrino del cocinero mayor...
—¡Qué decís!