—Pues os habéis equivocado de medio á medio.
—¿Pues quién ha sido?
—Una especie de Rolando de comedia, á quien creo que ella ha llamado Guzmán.
—¡Ah! ¡Don Juan de Guzmán ha estado por aquí...! pues bien, no importa... la verdad del caso es que la Dorotea está loca por vos... ¿qué habéis hecho en tan poco tiempo? Debe existir en el espíritu humano algo terrible, algo misterioso... ¡estas influencias rápidas...! ¡este unirse un alma á otra...! ¡oh! ¿quién sabe, quién sabe lo que somos?
Quevedo pronunció estas palabras como hablando consigo mismo.
—¿Queréis hacer lo que yo os diga?—exclamó de repente Quevedo.
—¿Y qué hemos de hacer?
—¡Qué! buscar postas y marcharnos á Barcelona; embarcarnos allí y plantarnos en Nápoles.
—¿Tenéis miedo?
—Os confieso que estoy asustado.