—Sí, señor, yo, que buscaba á vuesa merced. He estado en las cocinas, y no hallándole allí, fuí á Santo Domingo el Real por ver si allí le encontraba.
—¿Y qué me queréis?
—Mi señora os llama.
—¿Ahora mismo?
—Ahora mismo.
—Decid á vuestra señora que me es imposible; que falté ayer de la cocina, por asistir, de orden del rey, á la de su excelencia el duque de Lerma, y que de seguro tendré mucho que arreglar; si yo faltara hoy también, sabe Dios lo que sucedería.
—Mi señora me ha dicho, que si os negábais á acudir, os dijese que lo mandaba la reina.
—Pero señor—exclamó Montiño—, ¿quieren matarme?...
—Señor Francisco, yo digo lo que me dicen.
—Pues vamos allá—exclamó Montiño con una resolución heroica.