—¿A qué ha venido ese joven á la corte?

—Ha venido... pues... ha venido á avisarme de que mi hermano se moría.

—¿Nada más?...

—Nada más.

—Y decidme: ¿quién os dijo que don Rodrigo Calderón tenía ciertas cartas?

—¿Qué cartas?...

—Cartas que comprometían...

—No os entiendo, señora.

—¡Montiño, estáis comiendo el pan de su majestad!...

—Eso es muy cierto, señora... pero... suceden tales cosas, que no sé qué hacer... no sé qué decir...