—¿Y era... el duque de Osuna?
—Sí; sí, señora...
—¿Y su madre?...
—Faltó el habla á mi hermano para revelármelo... murió poco después de haber llegado yo.
—¡Qué desgracia! un secreto á medias... ¿y sabe él ese secreto?
—No; no, señora: y si os lo revelo á vos, es porque su majestad la reina...
—¡La reina!...
—Ya que se ha dignado favorecer á mi sobrino... á don Juan Girón, quiero decir... debe satisfacerla que alienta en sus venas la generosa sangre de los Girones.
—¿Pero qué la importa á su majestad?...—dijo severamente doña Clara—: don Juan la ha hecho un eminente servicio... la reina se lo agradece... y nada más... ¿qué enredos son éstos?... ¿qué fatalidad puede haber para que se tome el nombre de su majestad de una manera ambigua?
—Perdonad, señora; pero yo no he querido decir...