—¡Ah, señora! ¡si yo no tuviera mujer... si yo no tuviera hija!... ¡si no estuviese á punto de tener otro hijo!...
—Por la familia debe un hombre arriesgar la vida; pero debe conservar la honra... y sobre todo... ¡el alma!—exclamó con repugnancia, y aun podremos decir con horror, doña Clara.
—Estoy arrepentido...
—Bien, bien—dijo doña Clara, consultando el papel en que había escrito—: Dorotea vive en la calle Ancha de San Bernardo; está enlazada, no se sabe cómo, con el bufón del rey; es manceba secreta de don Rodrigo Calderón, y pública del duque de Lerma. Gabriel Cornejo es usurero, galeote huído y brujo; ¿dónde vive ese hombre?
—Tiene una ropavejería en el Rastro.
—Además se trata con una María Suárez... ¿dónde vive esa mujer?...
—Creo, señora, que sabéis demasiado dónde vive, y quién es la señora María.
—¡Yo!
—Creo que vos sois la dama principal que estuvo anoche en casa de la señora María.
—¡Yo! tenéis la mala cualidad de suponer absurdos. ¿Qué tenía yo que hacer en casa de tales gentes?