Él rey empujó un plato hacia el bufón.
Este le tomó, se sentó sobre la alfombra y se puso, sin cumplimiento, á comer.
—Están buenas estas lampreas—dijo—, se conoce que no ha estado hoy en la cocina tu buen cocinero mayor.
—Calumnias al pobre Montiño. Es el cocinero más famoso de estos tiempos.
—Lo era antes de tener mujer, pero su mujer le ha cambiado.
—¿Y vos, no sois casado, amigo Manolillo?—dijo el padre Aliaga.
—No, señor; la mujer con quien pude casarme no tenía alma, y yo quiero las cosas completas. Por eso no me gusta la corona de España.
—¡Oh! ¡oh!—dijo el rey.
—Sí, sí por cierto, porque la corona de España no tiene cabeza.
—Parece que os ha escuchado la conversación, padre—dijo el rey.