—Todo consiste en que el padre Aliaga es tan loco como yo.
—¿Me queréis explicar eso, tío Manolillo?—dijo el fraile.
—Con mil amores, pero dame otro plato, Felipe; nunca hablo mejor que cuando tengo la boca llena.
El rey empujó otro plato hacia el bufón.
Este le tomó y dijo:
—Pues es necesario agradecerte el sacrificio que haces por mí, hermano, porque los embuchados te gustan mucho, razón porque te los sirven todos los días tus dos cocineros Montiño y Lerma.
—¡Ah!¡ah!—¡acometedor vienes hoy!—dijo el rey riendo—algo sucede, de seguro.
—Sucede, que no sucede nada.
—Pero decidme, ya que tenéis la boca llena, tío—dijo el padre Aliaga—: ¿por qué soy yo tan loco como vos?
—Porque vos, como yo, os habéis empeñado en que un loco tenga juicio.