—Pues decidle... decídselo, que si me ha podido interesar... algo... por circunstancias especiales, ahora por circunstancias especiales le desprecio.
—Pero le vais á matar...
—Quien es hablador, embustero, mal nacido, no puede amar.
—Pero ved que lloráis.
—De rabia.
—¡Ah! ¡ah! y ello al cabo, á nadie lo ha dicho más que á mí.
—Que sois el escándalo del alcázar.
—Estimo vuestro favor: no creía yo ciertamente que cuando venía á hablaros del único hombre que ha podido conmoveros...
—No hablemos más de ese hombre.
—Como gustéis, porque os veo muy irritada.