—Vengamos al asunto que me ha obligado á llamaros.

—Vengamos en buen hora.

—¿Qué sois de esa comedianta que se llama Dorotea: padre, amigo, amante, marido?...

—Esa misma pregunta me han hecho hace poco, y he contestado: soy su perro, su perro valiente, que por lo mismo que Dorotea es desgraciada, la guarda; capaz de despedazar la mano del rey si toca á esa mujer.

—¡Sois, pues, su padre!

—No, pero es lo mismo.

—¡Esa mujer es amante del duque de Lerma!

—Sí; sí, señora.

—¿Y de don Rodrigo Calderón?...

—Lo fué; ahora creo que lo sea de otro.