—Por el dinero que os dará mi mayordomo, podréis sacar la consecuencia, buen Montiño.
—¡Ah señor, excelentísimo señor!—dijo Montiño poniéndose en arco y haciendo otra mueca—no lo decía por tanto.
—Sí, sí; ya sé que mil ducados más ó menos son para vos muy poco.
—No tanto, no tanto como eso, señor.
—Sin embargo, hacéis muy buenos negocios; debéis estar rico, Montiño; además de que la vianda de su majestad debe dejaros buenas ganancias, siempre me estáis pidiendo oficios.
—Y yo os agradezco á vuecencia...
—No hago más que pagaros vuestros servicios; sois inteligente y activo; y luego... vos me servís bien... es decir, servís bien á su majestad.
Volvió á inclinarse Montiño.
—¿Cómo anda el cuarto del príncipe?
—Don Baltasar de Zúñiga no perdona medio de captarse la voluntad de su alteza; como que dicen que hace versos con él.