—Y aun poesías eróticas...

—No comprendo bien, señor.

—Composiciones amorosas.

—No; no, señor; eso se queda para el duque de...

Montiño se detuvo afectando la confusión de quien ha pronunciado una palabra inconveniente y peligrosa.

—¿El duque de qué?—dijo Lerma—; vamos, concluyamos: ¿queréis sin duda decir mi hijo el duque de Uceda?

—Efectivamente, señor; yo creía haber sido indiscreto...

—No, no, de ningún modo; cuando se trata del servicio de su majestad, yo no tengo hijo; y á propósito de hijos... recordadme más adelante que tengo que encargaros algo acerca de la condesa de Lemos.

—Muy bien, señor.

—Decíamos, que de las composiciones amorosas del príncipe está encargado el duque de Uceda.