La duquesa removió de nuevo el brasero.

—Del mismo modo os exijo secreto, un secreto absoluto, acerca de lo que está sucediendo.

—¿Pero qué está sucediendo, señor?

—Sucede que yo estoy hablando mano á mano y á solas con vos.

—Lo que me honra mucho.

—Pues bien; que nadie sepa, doña Juana, que habéis sido honrada de este modo... vos no me habéis visto.

—Crea vuestra majestad, señor...

—Sí, sí, creo que después de lo que os he dicho, seréis discreta. Pero estamos pasando lastimosamente el tiempo.

Y el rey fijó una mirada vaga en la puerta que correspondía á la recámara de la reina.

Aquella mirada hizo sudar á la duquesa.