—Pues qué, ¿su majestad ha estado en peligro?
—Su majestad la reina ha estado á punto de ser deshonrada—contestó el duque.
Montiño supo contenerse en el momento en que vió claro que se trataba de su sobrino postizo.
—Pues confieso á vuecencia, que no sabía yo que su majestad la reina...
—Vamos, señor Francisco. ¿A dónde llevásteis anoche á un vuestro sobrino?
—¿Yo?... á ninguna parte—dijo Montiño temiendo que lo de la cruz fuera un lazo.
—Será necesario probaros que obro de buena fe—dijo el duque—y por lo tanto insisto; tomad esta cruz, llevádsela á vuestro sobrino Juan Montiño, y decidle que venga mañana á recibir la real cédula de mi mano.
—Muchas mercedes, señor—dijo Montiño tomando la cruz.
—Pero esto no basta; vuestro sobrino será pobre.
—Lo es en efecto, señor.