—Conque—dijo Lerma—, ¿sabéis todo lo que debéis hacer?

—Sí, señor. Seguir averiguando cuanto pudiere.

—Eso es.

—Procurar introducirme en la casa de esa dama.

—Eso es.

—Dar á mi sobrino esta cruz, y mandarle que venga á dar á vuecencia las gracias.

—Eso es.

—Además, vuecencia me dijo le recordase que tenía que decirme algo acerca de la señora condesa de Lemos.

—En efecto, me importa saber uno por uno los pasos que da doña Catalina.

—Puedo deciros, señor, que cuando yo venía para acá, entraba vuestra hija en las Descalzas Reales.