—Es confesor muy celoso.
—Demasiado; ¿y hace mucho tiempo que mi prima está confesando?
—Ya hace más de una hora.
—¡Ah! pues tenemos para otra hora larga.
—Tal vez—dijo la tornera.
—Decidme, madre Ignacia—preguntó la condesa—, ¿está vacía la celda aquella tan hermosa que está sobre el huerto?
—Sí, sí, señora condesa; está vacía porque las tapias son bajas, y una educanda que vivió en ella se escapó descolgándose por el balcón y saltando las tapias. Esto fué un escándalo que nadie sabe, que hemos guardado todas... pero yo lo digo á vuecencia en confianza.
—Gracias, amiga mía. ¿Conque las tapias son bajas y el balcón bajo?
—Sí, señora; era necesario tener una gran confianza en la persona que viviese en aquella celda.
—Y... ¿no hay otra desocupada?