—Soltad, que estas monjas son muy curiosas, y siempre están en acecho.

—Decís bien; siempre andan alrededor de los del mundo, que se les acercan como el gato alrededor de las sardinas.

—Por lo mismo, mirando el lugar en que nos encontramos, y sobre todo mi decoro, sed respetuoso conmigo.

—¿Y cuando, señora, no os he respetado?

—Dadme una prueba saliendo de aquí.

—Prometedme que vos no pasaréis más adelante.

—Aseguradme que seréis dócil á lo que yo quiera.

—Os lo juro, siempre que no me pidáis lo que no puedo concederos.

—Pues bien, no entraré.

—¿Y podré yo entrar hasta vos?