—Ni yo tampoco—repuso el rey—; yo creo que estoy rodeado de vasallos leales.
—Alguna miserable intriga...
—Oíd: «los traidores que os rodean, os tienen separado de su majestad la reina...»
Interrumpióse de nuevo el rey.
—En esto de tenerme separado de la reina, tienen mucha razón, y no tenéis en ello poca parte, doña Juana.
—¡Jesús, señor!—exclamó la duquesa, que á cada momento estaba más inquieta.
—Como que sois muy grande amiga de Lerma.
—Yo... señor...—contestó con precipitación la camarera mayor—cuando se trata del servicio de mis reyes...
—Seguid oyendo... «os tienen separado de la reina: es necesario que este estado de cosas concluya...»
Dejó el rey de leer.