—Pues he buscado á doña Catalina, cuya bondad conozco, á fin de que me sirviese para con vos de recomendación y ayuda.
—Bastaba vuestro nombre.
—No había necesidad de que nadie supiese que yo os buscaba; conócese mi nombre más que mi persona... y cuando se trata de conspiraciones...
—¡De conspiraciones!
—¡Se conspira!
—¿Pero contra quién, caballero?
—¿Contra quién se ha de conspirar, sino contra quien manda? Por todas partes hay conspiradores: salen de debajo de las piedras, duermen con uno debajo de la almohada. Es imposible gobernar.
—¡Contra quien manda! Pero quien manda es el rey, y no sé que haya nadie que conspire en España contra su majestad.
—Sí; sí, señora; conspiran contra su majestad, los que conspiran contra el duque de Lerma.
—Dicen que el duque de Lerma, de quien tan justa y honrosamente habláis, os ha tenido preso.