—Sí, señor, vos... vos me habéis dicho no sé qué acerca de mi mujer...
-¡Yo!
—Sí, señor. El tío Manolillo me ha dicho también algo de eso.
—¡También el tío Manolillo!
—Y el duque de Lerma.
—¡Cómo!
—Y doña Clara Soldevilla.
—¡Ah!
—Y, por último, esa mujer á quien Dios confunda... ¡Oh! ¡Dios mío! ¡como la otra! ¡como la otra!
—¿Como qué otra?