—Pero, señor, ¿y lo que yo mismo he oído?—se dijo.
Y volvió á dar otras dos ó tres vueltas.
—¡Luisa!—dijo al fin.
—¿Qué queréis?—respondió tranquilamente su mujer.
—¿Ha estado alguien aquí?
—Ha estado Cosme Aldaba.
—¡Ah! ha estado ese bribón de Aldaba. ¿Y qué quería?
—Quería hablarme á solas.
—¿Y le hablaste?
—Sí.