—¿Y qué te dijo?
—Que le habías despedido.
—Me ha echado á perder un capón relleno. Es un infame.
—En tratándose de la cocina, ciegas.
—No ciego mucho cuando no he hecho ya una atrocidad.
—La muerte de tu hermano te tiene de muy mal humor.
—Sí, sí, la muerte de mi hermano, eso es. ¿Y no te dijo más Aldaba?
—Sí, que me empeñase por él contigo.
—¡Pues hombre, no faltaba más! ¡habrá insolencia!
—Yo le he dicho...