—¡A un convento! ¡Pero si ella no tiene vocación de monja!
—A un convento mientras esté aquí su primo.
—De modo que si lo haces porque Inés es joven, yo soy también joven, pocos años mayor que ella.
—También he pensado en eso.
—¡Cómo! ¿Quieres echarme de casa por causa de tu sobrino?
—Escucha, Luisa, hija mía; tu embarazo está muy adelantado, las montañas de Asturias son muy sanas...
—Declaro que no me muevo de aquí—dijo Luisa levantándose y arrojando su costura—. Yo no te dejo solo. Tú quieres echarnos de la casa, no para meter á tu sobrino, sino á una perdida.
—¡Cómo á una perdida!—exclamó Montiño, que se estremeció, porque veía una nueva complicación.
—Sí... yo no había querido decirte nada, pero además del galopín Cosme Aldaba ha estado aquí una mujer.
—¡Una mujer!