—No lo creáis; yo soy un siervo de Dios, aunque indigno, y vuestro hermano.

—Sois confesor del rey.

—Lo que no me hace ni más ni menos sacerdote que otro.

—Sois inquisidor general...

—El rey me lo manda.

—Y yo soy un cocinero, no más que un cocinero, que aunque lo es del rey...

—No dejáis por eso de ser cristiano y hermano mío.

—¡Ah, señor! ¡qué bondadoso sois!

—No tal; pero dejáos de señorías y llamadme padre.

—Pues bien, padre Aliaga, ya que me dais valor, voy á deciros... me atrevo á deciros...