—¡De tentaciones os ocupábais!—dijo la de Lemos—; pues mirad, señora, la noche está de tentaciones.
—¿Vos también leíais?
—No, señora, pensaba.
—¿Y pensando teníais... tentaciones?...
—Y muy fuertes, señora.
—¿Pero de qué? ¿qué diablo os tentaba?
—El diablo de la venganza.
—¡Oiga!—exclamó la duquesa afectando una risa ligera, como para demostrar que había pasado enteramente su terror—: ¿conque queréis vengaros?
—Me han ofendido.
-¿Quién?