Consideró también que por esa misma avaricia, además de darle buenos consejos, se le debía dar dinero para que sirviese mejor.

En una palabra, el padre Aliaga determinó utilizar al cocinero mayor.

—La manera de reparar en cierto modo el mal que habéis hecho—le dijo—, es decidiros á servir fielmente á una sola persona.

—¿A quién, señor?

—Al rey.

—¡Al rey! ¿pues qué, acaso no le sirvo?

—No por cierto: servís á sus enemigos.

—Yo creía que esos caballeros podían muy bien ser enemigos entre sí, pero al mismo tiempo leales servidores del rey.

—Os engañáis; todos los que hoy se agitan alrededor del rey, piensan antes en su provecho que en lo que conviene á su majestad. Y ciertamente que no podéis decir vos que no sabéis las traiciones de esos hombres, cuando anoche un vuestro sobrino tuvo ocasión de prestar un eminente servicio á la reina.

—He ahí un muchacho que tiene muy buena suerte—dijo Montiño con envidia—; todos me hablan bien de él, todos le protejen: hasta el duque de Lerma.