—¡El duque de Lerma!

—¿Qué creéis que me ha dado para él el duque de Lerma?

—¡Oro!

—No por cierto: una encomienda. Mirad, padre.

Y Montiño sacó un estuche y le abrió.

—Pero eso es un collar de perlas—dijo el padre Aliaga.

Montiño, que no se había repuesto de su turbación, había tomado un estuche por otro, y había mostrado al fraile la alhaja que el duque de Lerma le había dado para seducir á la aventurera con quien se pensaba entretener al príncipe don Felipe.

—Esto es otra cosa—dijo precipitadamente Montiño.

El padre Aliaga no contestó.

Montiño se encontraba terriblemente predispuesto á la confesión y continuó: