—Esta alhaja me la ha dado el duque para una dama.
Hizo un gesto de repugnancia el padre Aliaga.
—Se trata de una dama á quien conoce el duque de Uceda.
—¡Qué vergüenza! ¡qué corrupción! ¡qué escándalos!—exclamó el padre Aliaga.
—Es una dama muy hermosa, de quien pretenden se aficionó el príncipe de Asturias.
—¡Ah!
—Una perdida, aunque no lo parece.
—Importa al servicio del rey que averigüéis quién es esa mujer.
—Esa mujer se ha presentado en la corte hace un año.
—¿De dónde ha venido?