—Doña Clara Soldevilla.

—¿Ha estado alguna otra vez ese joven en la corte?

—No, señor.

—¿Y entonces cómo conoce á doña Clara?

—Yo no lo sé, pero en palacio le conocen y mucho.

—Hablad, hablad.

—Yo creo, señor, y casi tengo pruebas, que doña Clara sólo es la cortina de ciertos amores.

—Explicáos.

—La reina...

—¡Qué decís de la reina!...