—Haced lo que os mando.

—Lo haré, señor.

—Además, en esta carta de vuestro difunto hermano que me habéis dado, se dice que existe un cofre sellado.

—Sí; sí, señor.

—¿Dónde está ese cofre?

—Le tengo yo.

—Traedme ese cofre esta misma noche.

—¡Ese cofre, señor! ¿pero no sabéis que es un secreto?

—Para la Inquisición no hay secretos.

—¡La Inquisición!—exclamó aterrado Montiño.