—Lo que me habéis revelado es muy grave, para que la Inquisición deje de ocuparse de ello.
—Pero yo os lo he revelado en confesión.
—No importa. Si no queréis exponeros vos mismo, obedeced.
—Obedeceré, señor.
—Esta noche, tarde... á las doce, por ejemplo...
—El cofre es muy pesado, señor.
—Emplead para traerle cuantos hombres fuesen necesarios.
—¡Ah!
—Ahora oíd. No escandalicéis en vuestra casa.
—¡Si no me atrevo á ello, señor!