—¿Habéis dado ocasión para que vuestra mujer vea en vos desconfianza?

—No; no, señor.

—Pues bien, no la deis. Seguid tratando á vuestra mujer como de costumbre.

—Es, señor... que... no sé en lo que consiste, pero ahora la quiero más que antes.

—Seguid, seguid sin novedad alguna.

—Muy bien, señor.

—Respecto al duque de Lerma, seguid sirviéndole de la misma manera que le habéis servido hasta aquí.

—¿Pero no me habéis dicho que peco sirviéndole de ese modo?

—Si antes pecásteis obrando así, ahora que persistiendo en esas obras serviréis al rey, hacéis una obra meritoria.

—¡Ah!