—Decían que don Francisco de Quevedo había venido á la corte y que había dado de estocadas á don Rodrigo Calderón.

—¡Bah! siempre persiguen al bueno de don Francisco las acusaciones... ya sabéis que no ha sido Quevedo... ¿pero está en efecto en Madrid?

—Todos lo aseguran; y como todos le desean por su ingenio festivo, todos se preguntan: ¿quién le ha visto? ¿quién le ha hablado?

—¿Y hay alguien que le haya hablado ó visto?

—No; no, señor; es uno de esos rumores que suenan, y cunden y se saben en un momento en toda una ciudad.

—Estaba preso.

—Pues porque estaba preso, y por saber que le han soltado y que al verse suelto se ha venido á la corte, son hablillas y la admiración de todos.

—¡Bah!—dijo el padre Aliaga.

—Se asegura que va á haber variación en el consejo y en la alta servidumbre.

—¿Porque ha venido don Francisco?