—Sí por cierto, que se arma un ejército contra la Liga.

—Ejército que será vencido.

—Pero todo eso prueba que el duque de Lerma tiene miedo y quiere contentar de algún modo á España; para eso... ya sé lo que vais á decirme, lo mejor era que empezase por irse á una de sus villas y dejar el gobierno.

—Perdonadme, señor Alonso, si no os he escuchado como debiera—dijo el padre Aliaga que se impacientaba—, pero estoy enfermo.

—¡Enfermo!

—Sí; sí por cierto, tengo vaguedad en la cabeza, frío en los pies... la celda me anda alrededor.

—¡Ah! perdonad... yo no sabía... llamaré...

—No, no... me voy á acostar... con vuestra licencia...

—¡Oh! lo siento mucho, no os descuidéis...

—Esto pasará.