—¡Os equivocáis!—exclamó con precipitación el padre Aliaga—, yo no puedo tener celos de nadie; yo estoy retirado del mundo, muerto para el mundo.

—¡Bah! allá lo veremos.

—Os he preguntado de quién está enamorada esa comedianta.

—¿No lo adivináis por lo que os he dicho?

—No ciertamente.

—Llegará un día en que me habléis con lisura: la Dorotea está enamorada con locura...

El bufón se detuvo como devorando con cierto placer maligno la ansiedad del padre Aliaga.

—¿De quién?—dijo el fraile con impaciencia.

—De cierto mancebo á quien ha hecho capitán la reina con vuestro dinero.

El padre Aliaga sintió el golpe en medio del corazón; se estremeció.