—¿Y ama el señor Juan Montiño á Dorotea?

—Debe amarla, porque le ama ella: pero si no la ama, y la engaña, peor para él.

Repúsose el padre Aliaga.

—¿Conque... vais á buscar á esos dos amantes?—dijo.

—No por cierto, voy á esperarlos á su casa... y como pueden tardar...

—Esperad, cuando la hayáis encontrado, en la galería de los Infantes.

—Esperaré...

—Cuando yo llegue, os avisarán.

—Muy bien.

—Y para que los encontréis más pronto, id al momento.