—La escena me llama, señores—dijo la joven—; venid, venid conmigo, Juan, y me veréis trabajar desde adentro.
Montiño siguió á Dorotea; don Bernardino siguió á Montiño.
Siguieron un trozo de corredor, bajaron unas pendientes escaleras y se encontraron en la parte interior del escenario.
En los tiempos de Felipe III empezaban á usarse ya los bastidores, en vez de las tres cortinas que antes cerraban la escena.
El lugar comprendido fuera de los bastidores, estaba lleno de gente, toda alegre y toda non sancta: comediantes y comediantas, poetas, galanes de bastidores y criadas; se hablaba, se murmuraba, se mentía; y al pasar Dorotea junto á un grupo de hombres, en medio del cual había una joven sumamente hermosa, dijo á uno de los del corro, haciéndole reparar con una indicación en Juan Montiño:
—Dejad estar entre bastidores á este caballero, que es cosa mía.
Después se dirigió á un bastidor, para esperar su salida.
El escándalo estaba dado.
Y decimos el escándalo, porque en la manera de presentar Dorotea á Juan Montiño, había dicho á todos:
—Ese joven es mi amante.