—Escuchad: sabréis además que está muy mal herido.
—Pero eso no tiene nada de escandaloso; donde las dan las toman; don Rodrigo la echa de guapo, y si se ha encontrado con la horma de su zapato... conque vamos al negocio y veamos en qué consisten el milagro, el escándalo y la enormidad.
—El milagro consiste en que la Dorotea se ha enamorado de un pobre—dijo la Mari Díaz.
—¡Ah! eso ya es distinto; comprendo que estéis asombrados: vamos al escándalo.
—El escándalo consiste en que se haya presentado al público con sus mejores galas, cuando no es un misterio su trato con don Rodrigo.
—En efecto, esto tiene algo de escandaloso—dijo el alférez—. Pero la enormidad... veamos la enormidad.
—¡La enormidad! ¿no os parece una enormidad el que nos haya presentado á todos su nuevo amante?
—Efectivamente; esa muchacha se va echando á perder más de lo justo. Y es lástima, cuando se trata de la mujer más hermosa del ejercicio... perdonad, Mari Díaz, la más hermosa después de vos.
—Afortunadamente estoy aquí para daros las gracias, señor Ginés Saltillo—dijo la comedianta sin poder dominar completamente su mortificación.
—¿Y quién es él?