—Voy, voy á verle; pero antes tengo que pagaros vuestras noticias con otras no menores.
—¡Qué! ¿Qué sucede?—exclamaron todos.
El alférez se metió más al centro y dijo en voz baja y con sumo misterio:
—¡Hay novedades!
—Novedades, ¿y en dónde?
—Novedades en palacio.
-¡Ah!
-¡Oh!
—¡Eh!—exclamaron todos.
—Pero hablemos muy bajo, porque como por todas partes hay espiones, no se puede uno fiar de su camisa.