—Dicen que lo de las estocadas que tal han puesto á don Rodrigo, tiene su intríngulis.

—¿Su qué?...

—Su misterio, señores, su misterio. Dicen que esas estocadas han venido de lo alto.

—¿De que alto?

—De palacio.

-¡Ah!

—Parece que Don Rodrigo quería alzarse con el santo y la limosna.

—Siempre ha sido Don Rodrigo muy alentado.

—Y que tal zancadilla tenía armada al duque, que éste ha echado por el camino más corto para no perder tiempo.

—¿Conque acusan á su excelencia...?