—Pues si está escondido, ¿quién le ha visto?
—Le vieron anoche en palacio.
—Creerían verle.
—Allá lo veremos; ¿pero qué esto?
Lo que había motivado la pregunta del alférez, era un ruido particular, un alboroto que provenía del primer bastidor de la derecha del escenario.
Todos corrieron allá.
Lo que había sucedido, lo verán nuestros lectores en el capítulo siguiente.
CAPÍTULO XXIX
DE CÓMO JUAN MONTIÑO, CON MUCHO SUSTO DE LA DOROTEA, SE DIÓ Á CONOCER ENTRE LOS CÓMICOS.
La Mari Díaz, dejando en su chismografía política al alférez, á los comediantes, á los poetas é tutti cuanti, se fué decididamente, pero como al descuido, al hueco del primer bastidor de la derecha del escenario.